Desde hace algunos años hemos escuchado la implementación del término “líder” en lugar de “jefe”; en teoría un buen líder en los espacios de trabajo, entre otras cosas, predica con el ejemplo trabajando activa y productivamente con su equipo de trabajo.

Sin embargo, esta labor debe ser realizada de manera asertiva, de no ser así podemos sufrir pérdida de talento, empleados inconformes, equipos molestos y labores mal hechas.

La idea para aplicar el liderazgo correctamente es  indicando las conductas y qué resultados esperas con ello, siempre considerando las capacidades de los equipos y qué herramientas requerirán para lograr los objetivos. Saberlo es fácil, pues ellos son la fuente, pregunta a la gente que colabora contigo qué necesita, cuáles considera que son las áreas de oportunidad a mejorar y hasta dónde están dispuestos a ir.

No se trata de juzgar, sino de crear un plan de acción basado en la situación actual de tu personal, porque una cosa es lo que tú crees, y otra es la realidad a la que se enfrentan.

Sabemos que no puedes estar en todas partes y nadie es experto en todo, es por eso que el trabajo en conjunto resulta tan importante. Permite que tus colaboradores expresen sus ideas y entonces establece de forma clara las metas que alcanzarán juntos.

Entrega fechas, planes de acción, expectativas, instrucciones, etcétera. Tu lenguaje debe ser inclusivo, tienes que hacer que la gente a tu alrededor se sienta parte de algo y se comprometa con ello y no sólo pensar en función de tu beneficio, recuerda que el motor de la empresa son ellos y necesitas de todos para salir adelante.

La base de todo es la comunicación y la confianza.