El trastorno límite de la personalidad o borderline, que padece el 2% de la población mundial, se presenta en más proporción en mujeres, con casi 75% de los casos.

Esta patología se caracteriza por un patrón de inestabilidad en el estado de ánimo y en las relaciones interpersonales, con ira inapropiada y muy intensa, autolesiones y conductas impulsivas, incluidos frecuentes intentos de suicidio.

Quienes lo padecen se les llega a considerar individuos de más riesgo o peligro, porque tienden a la agresividad y a veces a la violencia física, pues son irritables, reactivos emocionalmente, impulsivos, irascibles y explosivos.

El trato es complicado y por lo general quienes están a su alrededor tienden a alejarse; al igual que con los trastornos de la personalidad, este se diagnostica con certeza hasta la edad adulta, cuando las características propias de la forma de ser de los sujetos se han consolidado, pero puede haber indicios desde la adolescencia.

En general, se relacionan con problemas con la pareja, los padres, la familia o con alguna noticia impactante. Este trastorno tiene un dato clínico que se presenta invariablemente, y es la sensación crónica de vacío.

Para su tratamiento no existe fármaco específico, la base es una psicoterapia formal y sistematizada, realizada por profesionales con experiencia en el manejo de personas borderline.