En 1909 una mujer se hizo acreedora a un premio Nobel de Literatura por primera vez, ella fue Selma Lagerlöf, quien además fue la tercera mujer en ganar dicho premio, luego de Marie Curie (Física, en 1901) y Bertha von Suttner (Paz, 1905).

El discurso de presentación del premio fue leído por el presidente de la Academia Sueca, Claes Annerstedt , entre otros elogios hacia la autora remarcó el «retrato totalmente original de la vida campesina».

Algunas de la obras que fueron tomadas en cuenta para la premiarla fueron La leyenda de Gösta Berling (1891 ), Jerusalén (1902) y El maravilloso viaje de Nils Holgersson (1906).

Durante su discurso al recibir en Nobel en Estocolmo, Selma agradeció a todos aquellos que la acercaron y enamoraron de la literatura, pero sobre todo remarcó la figura de su padre, un hombre alcoholico que llevó a a su familia a la bancarrota y que se empeño en que la escritora no continuara con sus estudios, por eso las palabras dichas en aquel momento con tanto amor resultan extrañas.

«Camino a Estocolmo pensé en mi padre y sentí una honda pena de que haya muerto, y que no podría ir a contarle que he ganado el Premio Nobel. Sé que nadie más habría estado tan contento como él de recibir esta noticia», dijo.

Luego de la muerte de su padre, Lagerlöf se traslada a Landskrona, ciudad donde dio clases y comenzó su acercamiento con mujeres del movimiento feminista sueco.

La persecución nazi contra los intelectuales alemanes fue terrible, Selma Lagerlöf ocupó los últimos años de su vida en ayudar a los escritores y pensadores a esconderse, salir del país y luchar contra la dictadura alemana que oprimía a Europa.

Aún inmersa en la labor de ayudar, sufrió un paro cardiaco que acabó con su vida un 16 de marzo de 1940 a los 81 años. Actualmente existe un premio literario sueco que entrega anualmente la suma de 100 mil coronas  (cerca de 10 mil 500 dólares) con el nombre de «Premio Literario Selma Lagerlöf«.