Cocinar es toda una experiencia sensorial que además de nutrir nuestros cuerpos y darnos energía, alimenta nuestras emociones 

Tras casi tres meses en confinamiento, nuestras rutinas de trabajo, familiares y por supuesto de alimentación han cambiado. La cocina es un espacio en donde toda la familia puede participar, con ello se amplía la imaginación para preparar más platillos y se crea un momento de convivencia.

además, este tiempo en casa y la participación familiar, pueden ayudarnos a crear una experiencia que nos lleve hacia una alimentación más consciente, permitiéndonos una nutrición emocional y sensorial, es decir, nos hace sentir bien con nosotros mismos, más conectados y satisfechos.

Además, cocinar en casa nos permite desarrollar hábitos alimenticios más saludables. De acuerdo con la revista científica Appetite, especializada en la industria de alimentos a nivel global, en Suiza se realizó un estudio con 47 niños de 6-10 años y sus papás. Los dividieron en dos grupos: en el primero, padres e hijos prepararon juntos sus almuerzos; en el segundo, cocinaron solo los adultos. Los chicos que ayudaron a cocinar comieron 76% más ensalada, 27% más pollo y 24.4% más calorías que los que no cocinaron. Además, los niños del primer grupo declararon sentirse más positivos.

Estos son otros de los beneficios de una cocina más consciente.

  • Cocinar es toda una experiencia sensorial. Tocar diferentes texturas, apreciar la variedad de colores, formas y aromas de los alimentos nos provoca querer comerlos y ser menos temerosos (o melindrosos) a la hora de probar nuevos platillos.
  • Sin darnos cuenta estamos practicando matemáticas al contar gramos y cucharadas; química y física al mezclar ingredientes y ver cómo reaccionan ante el calor, el frío, el movimiento, la humedad. en resumen, cocinar es una ciencia.
  • Mientras cocinamos platicamos, describimos, contamos anécdotas, creamos nuevos recuerdos. Los más pequeños desarrollan sus habilidades lingüísticas y aprenden nuevas palabras.
  • Agitar, medir, mezclar, apretar y extender los alimentos les permite también desarrollar otras habilidades cognitivas como la coordinación mano-ojo.
  • Cada vez que decidimos agregar un ingrediente distinto o elaboramos un menú ejercitamos nuestra creatividad.
  • Cuando los adultos les permitimos a los pequeños participar en las decisiones de qué comer y cómo prepararlo, estamos fortaleciendo su autoestima, su amor propio, la confianza en sí mismos.
  • Al cocinar juntos no solo nutrimos su organismo, sino también su espíritu con valores positivos como la responsabilidad y el trabajo en equipo.
  • Al seguir instrucciones y procesos aprenden a trabajar de manera más estructurada y organizada, y pueden gestionar emociones negativas como la frustración, la impaciencia y el miedo al fracaso.
Fuente: Metco