Es indispensable garantizar que las mujeres puedan ejercer su liderazgo en condiciones de igualdad y que se elimine cualquier forma de violencia contra ellas

En todo el mundo, las mujeres están al mando de instituciones que dan respuestas efectivas e inclusivas ante la COVID-19, desde los ámbitos de decisión más altos, hasta la prestación de servicios en la primera línea.

Con motivo del Día Internacional de la Mujer, conmemorado el pasad 8 de marzo, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) bajo el lema “Mujeres líderes: Por un futuro igualitario en el mundo del Covid-19”, mantiene una campaña que invita a las instituciones de gobierno, de la sociedad civil, a las universidades, al sector privado, a medios de comunicación, y a las juventudes, a crear liderazgos transformadores para la igualdad de género.

De acuerdo con el organismo internacional, la pandemia pone en riesgo los avances logrados en los últimos 25 años desde la adopción de la Conferencia de Beijing, respecto al empoderamiento de las mujeres y la igualdad de género, y se necesita con urgencia liderazgos que avancen medidas socio económicas para responder a la crisis por la COVID-19.

Retos que generan oportunidades

En un contexto como en el que vivimos en la actualidad, se necesitan mayores liderazgos de mujeres y niñas en sectores como el de salud y en general, en carreras científicas, para garantizar una respuesta inclusiva a los desafíos que vienen. Aunque en el mundo, las mujeres representan 72.8% de la fuerza laboral en el sector salud.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo 2019 realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en México, casi 500 mil personas se dedican a la enfermería con un grado técnico o especializado: el 79% son mujeres y 21% son hombres.

Los retos son muchos, pero, sin duda, esta es una oportunidad para poner la igualdad de género en el centro de la transformación de nuestras sociedades, con desarrollo inclusivo y sostenible y sin dejar a nadie atrás. También, es el momento para recordar que las diferentes formas de liderazgo se forman desde temprano en la vida y por ello hay que crear espacios para empoderar a las niñas y las adolescentes.

A nivel global, alrededor del 80% de las personas trabajadoras del hogar son mujeres, según apunta la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Tan solo en México, la estimación del valor económico del trabajo no remunerado en labores domésticas y de cuidados en el hogar representa el 23.5% del Producto Interno bruto (PIB).

De ahí la importancia de que la crisis por el COVID-19 se convierta en una oportunidad para fortalecer las políticas de cuidados y crear sistemas universales de cuidado que permitirían atender las secuelas de la pandemia e incrementarían la participación laboral de las mujeres en México y en la región en general.

Avance y mayor participación

Primero es importante apuntar que resulta indispensable garantizar que las mujeres puedan ejercer su liderazgo en condiciones de igualdad y que se elimine cualquier forma de violencia contra ellas mediante acciones transformadoras y efectivas, no debemos bajar la guardia.

Uno de los espacios donde se ve cada vez más el liderazgo transformador y donde se debe garantizar la participación plena de las mujeres es en la vida pública. Para que el poder compartido se convierta en una realidad, la violencia contra las mujeres en el ámbito público debe eliminarse y las normas sociales, el acceso a la financiación y los marcos legales e institucionales deben transformarse, de modo que apoyen la participación y la toma de decisiones de manera igualitaria. Esto es fundamental, ya que, de acuerdo con ONU Mujeres al ritmo actual de progreso, la paridad de género en las legislaturas nacionales no se alcanzará a nivel global antes de 2063, ni entre las jefaturas de gobierno antes de 2150.

La participación plena de las mujeres y la igualdad también se han reconocido como ejes vitales para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, y la pandemia actual de COVID-19 es un recordatorio de los cambios que se deben hacer para alcanzarlos. No debemos salir de esta crisis sin aprender sus lecciones y generar oportunidades para resolver la situación de desigualdad en que las mujeres han tenido que vivir por décadas.