Todo comenzó como un proyecto escolar que terminó como una empresa social, cambiando el mundo y ganando dinero.

Andrea García López, Valeria Sánchez Navarro, Yuvia López, Mónica López Vargas, un equipo de cuatro mujeres mexicanas, estudiantes del Tec de Monterrey Campus Guadalajara,  crearon una oportunidad económica para nuestro país.

Las personas de escasos recursos tienen un limitado acceso a los alimentos nutritivos, y se estima que gastan el 60% de su ingreso mensual para cumplir sus necesidades nutricionales.  El proyecto tiene gran impacto, pues se recolectan los residuos de los barrios marginales urbanos, se crea conciencia ambiental y se mejora la salud y la alimentación de las personas que viven en esta áreas.

Las personas tiene que recolectar basura y deben clasificar en tres grupos, PET, aluminio y vidrio.  Cada uno de los participantes que entrega un kilo de desechos, puede recibir a cambio dos kilos de comida en productos básicos a través de dinero en una tarjeta de vales de despensa.  

La máquina, que es de diseño propio, emitirá un ticket que será intercambiable por nutrición básica, lo cual es posible gracias a que crearon una alianza con el Banco de Alimentos, quien proporcionará el alimento. De esta manera el valor producido por la basura reciclable, estará al alcance de todas estas personas viviendo en zonas marginadas y sobrepobladas, haciendo que su ingreso disponible después del alimento se duplique, y de esta manera se mejorará su calidad de vida.

A diferencia de otros proyectos como la de marcas de chocolates el proyecto de las alumnas del Tec de Monterrey tuvo un objetivo legítimo en beneficio de su comunidad.

Actualmente PROtrash funciona en barrios marginados de Guadalajara, pero se espera que este modelo se replique en otras ciudades del país.

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