De acuerdo con la Comisión Nacional Forestal (Conafor), aunque los árboles artificiales parecen ser más prácticos por ser livianos y por su capacidad de ser guardados en espacios pequeños; estos no contribuyen a mitigar el cambio climático, sino que lo aceleran, pues son producidos con plásticos a base de petróleo en industrias que emiten grandes cantidades de gases de efecto invernadero.

Así, la Conafor asegura que es un mito pensar que para obtener un árbol de Navidad natural se deforestan los bosques. Resaltó que en 2017 se vendieron en México alrededor de 1 millón 700 mil pinos naturales, de los cuales, productores mexicanos comercializaron alrededor de 700 mil ejemplares, generando ingresos por 350 millones de pesos.

Según sus datos, las principales entidades productoras de árboles de Navidad son el Estado de México, Guanajuato, Puebla, Michoacán, Veracruz, Tlaxcala y la Ciudad de México.

El director del Bosque de Árboles de Navidad de Amecameca, Carlos Maurer, aseguró que, contrario a lo que se piensa, al cortarse el pino no muere, pues el tronco sigue vivo y de ese crece un nuevo ejemplar. Explicó que el año pasado se vendieron aproximadamente 50 mil árboles, pero se plantaron alrededor de 180 mil pinos.

Maurer explicó que un árbol que empieza desde semilla tarda más o menos 10 años en alcanzar el tamaño de un árbol de Navidad, en tanto que uno que crece de un tronco se tarda cinco años

“El Bosque de los Árboles de Navidad de Amecameca empezó hace 54 años, con una superficie de tres hectáreas, actualmente son más de 500 hectáreas de bosque. Es cada vez más grande”, afirmó.

En palabras del directivo, compartió que para este año se espera comercializar 70 mil arboles de Navidad, lo que representa un crecimiento del 40% comparado con 2017, gracias a que más familias se han dado cuenta de que al ir por su árbol navideño, contribuyen a la reforestación.

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Por Roberto Noguez Noguez

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