De acuerdo con ONU Mujeres México, es a partir de 2007 cuando se el índice de violencia hacia mujeres en el país crece más

Los feminicidios en México de 1990 a 2019 suman más de 56 mil, la mayoría de ellos efectuados con armas de fuego; así lo reveló el estudio La Violencia Femenicida en México: Aproximaciones y Tendencias, realizado por ONU Mujeres México en conjunto con el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres) y la Comisión Nacional pata Prevenir y Erradicar la Violencia Contra las Mujeres (Conavim).

El material revela que es a partir de 2007 cuando el índice de violencia hacia las mujeres en el país crece más. Desde ese momento y hasta 2019 se cometieron 33 mil 501 del total de los feminicidios, de acuerdo con datos oficiales y certificados de defunción.

“En 2019, el 57% de las defunciones con presunción de homicidio fueron con arma de fuego. Y en el primer semestre de 2020 el porcentaje asciende a 73 por ciento”, Comentó Belén Sanz, representante en México de ONU Mujeres.

Desde el primer estudio de esta serie, publicado en 2010, las instituciones convocantes han hecho hincapié en la importancia de documentar y analizar la violencia feminicida en el país y se ha insistido en la necesidad de investigar todas las muertes violentas de mujeres (homicidios, suicidios y accidentes) con perspectiva de género; incluso antes de las sentencias emblemáticas que ha emitido la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) al respecto.

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“La brutalidad de estos asesinatos y la impunidad que los rodea ponen de manifiesto la negación del derecho a la vida, la integridad y la libertad de las mujeres”, apunta la investigación.

Una crisis más allá del Covid-19

El trabajo también señala que la crisis ocasionada por el Covid-19 ha evidenciado el contexto de desigualdad imperante en nuestras sociedades, y la necesidad de actuar colectivamente para transformar esta realidad.

Lamentablemente, la situación de la violencia contra mujeres y niñas no es nuevo y “no es producto de la pandemia”; las mujeres viven en contextos de violencias graves; se enfrentan a violencia y acoso sexual en los hogares, las calles y las escuelas; abuso emocional y psicológico en las familias y con sus parejas; discriminación y hostigamiento y acoso sexuales en los centros de trabajo y centros de salud.

El estudio refiere cómo estos tipos de violencia “constituyen riesgos que pueden escalar hasta derivar en feminicidio, la expresión más grave de violencia contra las mujeres”.

“(…)el feminicidio es apenas la punta del iceberg, una ínfima parte visible de la violencia contra las mujeres y las niñas que es consecuencia de la violación reiterada y sistemática de los derechos humanos de estas por el hecho de ser mujeres; además, esta forma de violencia extrema está legitimada y naturalizada por la percepción social que desvaloriza y degrada a las mujeres, y que considera su cuerpo como objeto prescindible y que, por tanto, está inhabilitado para ejercer su derechos intrínseco” señala el informe.